MARIANO CARABIAS
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CARTA A UNA CONSTANZA MODERNA Si el arte sobre el que me preguntas se refiere a poder representar los árboles, sean oscuros cipreses o amarillentos chopos, los verdes prados, las doradas mieses, los ensangrentados campos de amapolas, los horizontes lejanos bajo el cielo azul, las amenazantes nubes, las cercanas sombras y las luminosas lejanías, te diré que no sé qué es lo que tú entiendes por naturaleza ni lo que entiendes por pintura. ¿Qué clase de imagen de la realidad persigues? ¿La vana apariencia de las cosas? ¿La fugaz presencia de los objetos? Deja el mundo en su estéril suficiencia, no confundas el cuadro con la ventana y persigue el principio que profesan las personas sabias y libres. Admira sólo la pintura, la superficie plana, la lucha entre las manchas de color, las francas texturas que deja el pincel, las huellas de la emoción y del temblor humano, porque son estas cosas las que muestran el alma desnuda del artista, de modo que todos los cuadros, aunque se titulen "Paisaje", son, en realidad, autorretratos. ![]() El artista Mariano Carabias elaborando una pieza ![]() |
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UN ARCA FIN DE SIGLO La Casa del Siglo XV. Segovia Noviembre, 1999 Mariano Carabias ha inventariado los animales de la tierra y de la imaginación y ha determinado para ellos nuevas formas y nuevas misiones. Como creador de nuevas criaturas nacidas para vivir en un nuevo orden del reino animal, en el que los individuos forman el gran FRISO de una historia común, el artista ha dispuesto su neofauna en una red ortogonal envuelta en su común tonalidad terrosa rojiza y en un trazo que es como la huella caligráfica de una mano que posee la fuerza generadora de lo primitivo, la sobria riqueza de una inteligencia que no precisa de alardes, y el resultado claro y rotundo que la coherencia hace posible. Carabias ha poblado el mundo de una nueva fauna construida sobre formatos pequeños y blancos, con figuras adaptadas al espacio áureo del rectángulo, donde el búfalo se equipara con el mono y el elefante con el urogallo. Desde el conjunto más temprano y barroco hasta el más depurado, se diría que, a partir de un elemento elástico semejante a un signo de interrogación, con una ductilidad que le permite adoptar formas que van desde el círculo hasta casi la recta, pasando por mil estados intermedios, a partir de ese elemento simple, de ese signo o ideograma polivalente, define con insuperable acierto los rasgos característicos de cada especie ocultando a veces la evidencia tras el contorsionismo postural desde el que nuestros hermanos llamados irracionales parecen burlarse de nuestro asombro. Del mismo modo que tras los matices regionales de un estilo se esconde la común impronta definidora del mismo, las figuras de Carabias, aunque poseen la apariencia y los rasgos esenciales que permiten definir su especie o su carácter híbrido, hay también un halo común que los envuelve y que dice claramente que tales seres pertenecen al universo salido de la sabia mano de Carabias. ![]() LA CREACIÓN INCESANTE DE MARIANO CARABIAS
Galería del Rancho, Torrecaballeros. Segovia Abril, 2002 Mariano Carabias es un pintor en constante evolución, incesante creador de formas que ha producido todo un nuevo bestiario que dejaría sorprendido al autor de 'El Fisiólogo', demostraría la insuficiencia del Arca de Noé y sumiría en la depresión y el descrédito a Linneo y a Darwin. Estos animales, reales todos, procedieran del vientre de su madre, del magín del artista o de los muros de Babilonia, eran y siguen siendo tan rigurosos en conservar los atributos esenciales propios de su especie, como libres en sus formas concretas y elegantes en sus posturas. Ahora Mariano Carabias presenta en La Galería del Rancho de La Aldehuela, de Torrecaballeros, dos conjuntos de obras que, aunque independientes, son perfectamente relacionables, incluso, complementarios. El primer grupo lo forman una serie de minicuadros cuyo tema subyacente es el paisaje pero éste se convierte en el escenario o, por así decirlo, en el efecto colateral de una doble especulación formal centrada en las armonías y los contrastes cromáticos, por un lado, y en investigar las posibilidades de representación de espacios ambiguos a base de superponer planos perspectívicos transparentes a superficies concebidas como planas, bien desde diseños geométricos, bien desde conjuntos más orgánicos. ![]() Hace tiempo que Carabias maneja el collage con gran soltura. Si hay que interpretar de algún modo el hecho de que, en esta exposición, los collages sean de mayor formato que las pinturas, habría que deducir la especial importancia que tienen para Carabias los papeles de colores como trasunto de espacios y superficies, como formas más dadas a la función autónoma que a la referencial y, por lo tanto, adecuados elementos para expresarse en el campo de lo abstracto, aunque el artista gusta de jugar a la ambigüedad y deja abiertas algunas puertas para que el público dude si entrar por ellas o no. Algo me dice que Mariano Carabias usa esos pequeños formatos porque Segovia le viene pequeña a su pintura. La única manera de confirmarlo es que piense en Madrid y se deje ver por Madrid y en Madrid. Desde aquellos años jóvenes (más jóvenes), en los que Carabias se expresaba en los grandes formatos que sus cuadros 'pintados a cubos' requerían, no porque Segovia fuese más que ahora, sino porque Mariano era menos que ahora, el pintor ha ido reduciendo progresivamente el tamaño de sus obras, lo cual no significa ni modestia (falsa o verdadera), ni economía de materiales ni estrategia de marketing, sino una cierta forma racionalizada de trabajar y, sobre todo, concentración, dominio sensato de los elementos plásticos, donde no se precisa imponer nada al ojo a base de centímetros, igual que las pequeñas superficies de color no tratan de imponerse como figura sobre el fondo porque el juego también está en olvidar si son fondo o son figura, si son o no son, si somos o no somos. EL LENGUAJE DE CARAVIAS
Galería San Lucca in Montorio. Madrid Junio, 2003 Algunos pintores dedican su vida a profundizar sobre una serie reducida de formas, colores y signos, evolucionando de manera natural, casi biológica, como evoluciona un cuerpo con los años o un paisaje con el discurrir de los meses y de las estaciones. Otro tipo, muy común desde mediados de los ochenta, con la eclosión de la transvanguardia, es aquel que, de una exposición a otra es, sencillamente, irreconocible, es decir, que investiga determinado procedimiento o determinado tema y, al cabo de cierto tiempo, no demasiado, comienza una indagación completamente distinta, donde tampoco sería extraño que conservara algún vestigio imperceptible de todo lo anterior. Las dos posturas son igualmente aceptables y dignas aunque, en el primer caso, se corre el riesgo de caer en una cierta monotonía, y en el segundo, de parecer varios pintores diferentes o, lo que es peor, que el público no sea capaz de relacionar un excesivo número de registros no suficientemente cuajados en su memoria, con el nombre de su autor. Muchos pintores se preocupan de crear un lenguaje, de tener un estilo propio e inconfundible que les identifique; otros no parecen marcarse este objetivo, al menos explícitamente, pero sus trazos llevan su inconfundible huella. Cerca de estos últimos y en algún lugar intermedio entre los que insisten sobre lo mismo y los que cambian de la noche a la mañana, está el polivalente y consumado artista Mariano Carabias. ![]() En todo caso, la pintura muestra su naturaleza líquida y cremosa, su fresca jugosidad, y Carabias empieza a plantearse problemas que, en esencia, son los mismos que se plantea con el collage. Son problemas básicos y fundamentales pero siempre inagotables, debido a su propia naturaleza y a que Carabias siempre los plantea desde una cierta contradicción. Son problemas tan básicos y fundamentales como la relación entre el contraste y la armonía de formas, superficies y colores, o la construcción de espacios figurativos a partir de elementos abstractos, o la problematización de la distinción entre figura y fondo. Los resultados están a la vista en la Galería San Lucca in Montorio de Madrid, unos brillantes resultados que incrementan la variedad de sus soluciones, al abarcar un periodo algo más extenso que lo que podríamos llamar ‘sus últimas obras’. Y ahí es donde Mariano Carabias nos permite ver la coherencia de su evolución y la permanencia de ese, en principio, ‘no sé qué’, que nos hace saber que estamos ante la obra de este cabal y brillante pintor. En sus escenarios conversan las formas y los colores como si fueran campos o casas, y sobre ellos se impone un rostro que, en realidad, es un derrame de pintura extendida con cierto orden pero sin dejar de ser pintura. El juego de las contradicciones, el juego de la pintura, el juego de la vida. ANIMAL Y HOMBRE
Galería Claustro. Segovia Junio, 2004 Una reflexión previa implícita en el título: antes que hombres somos animales y viendo en lo que se está convirtiendo el mundo en nombre del racionalismo occidental, y en qué emplea el hombre su inteligencia, uno piensa en sus orígenes y se siente orgulloso de ser pariente de los chimpancés y de los asnos. La exposición de Mariano Carabias tiene como protagonistas a los animales, animales que, en sus manos, se convierten en emblemas con un paradójico efecto humanizador. Cuando la razón de la fuerza sustituye a la fuerza de la razón, hay que volver a lo primitivo, a los antiguos saberes y a los antiguos mitos, a recuperar la inocencia de la 'Edad de oro', título de uno de los cuadros de la exposición. ![]() En esta ocasión Carabias aporta como novedad la sistemática incorporación, en los cuadros grandes, de un nuevo elemento extenso y difuso que es esa especie de red o de trama irregular formada por sucesivas huellas que, unas veces sirve de fondo para pintar sobre ella y otras es la red la que cubre a la figura ('Vera Cruz'). También hay obras en las que la trama asoma aquí y allá, como elemento aglutinador cuyo efecto es, a veces, un “horror vacui” no exento de cierto abigarramiento. ![]() Es significativo que Carabias, que domina los formatos pequeños, no sienta en ellos la necesidad de esa red que aplica a los formatos grandes. Lo cierto es que, dada la temática animalística y su ejecución en contorneados perfiles de evocaciones prehistóricas, esa red trabajada, rascada, manipulada y vuelta a pintar, recrea la memoria de las formas como metáfora de todo lo que el soporte de la pintura ha albergado desde que era pared de recóndita sala de cueva mágica e iniciática. Los pequeños formatos están exentos de la estratificación de capas presente en los grandes. Aquí también domina el animal pero se mimetiza con el paisaje, ese paisaje múltiple e inagotable que, en el caso de 'Órix fiorentino', con su ambiguo fondo arquitectónico y su armonía cromática, alcanza el extremo de la simplificación y de la claridad. |
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