Con cierta frecuencia, me pregunto qué es el arte. Cada artista podemos mantener conceptos muy diferentes sobre cualquier manifestación artística.
En mis obras reflejo,
de forma consciente, el sentimiento más noble que llevo dentro de
mi persona, transmitiendo constantemente mi personalidad como artista y como
un componente más de la sociedad en la que me toca vivir. Mis manifestaciones
artísticas mantienen, al menos como partida, una reflexión
seria y contundente sobre la propia sociedad de mi tiempo, conjugando esto,
durante la realidad de la obra, con el mundo en el que me gustaría
vivir, adentrándome a través de los volúmenes en espacios
imposibles, pero reales en mi imaginación. La mezcla de estos dos
mundos me lleva a un concepto muy personal del propio ser humano y que transmito
en mis obras.
Partiendo en mis comienzos con técnicas clásicas, he ido evolucionando con el paso de los años hacia tendencias más expresionistas, pasando por el cubismo y por el surrealismo.
En mis obras la luz penetra a través de las formas, siendo posteriormente devuelta por estas formas al origen mismo de la propia luz. La figura humana es el elemento primordial y casi constante en mi obra, transmitiendo a través de ella la inconformidad del hombre, solo ante el mundo que le rodea, mundo que no comprende y que, por esta incomprensión, llega a no interesarle en absoluto, por lo cual se aísla y crea el suyo propio. En todos los casos este aislamiento se produce con serenidad y alegría: no existe agresividad en mis obras, sino al contrario, el aislamiento es deseado y por lo tanto conlleva una contemplación profunda, cálida y serena sobre la parte más íntima del ser humano.