Bajo una singular mirada...
Cada fotografía es un retazo que muestra un punto de vista particular e íntimamente
ligado al ojo que visiona ese pedacito de realidad, reflejando una impresión, una
situación, un gajo de tiempo detenido cuya fuerza y expresividad dependen, además de
la técnica, de la energía creativa y de la capacidad de sugestión que emanan de esa
captación.
Las obras de Diego Lago, son ejemplo de ello, al mismo tiempo que nos ofrecen un
trabajo lleno de matices pictóricos, dado que el tratamiento de las imágenes está
basado en componentes visuales fragmentarios que rezuman lirismo por todos los
poros.
Su arte supone un reto continuo hacia nuevas formas de trabajo y la obtención de
resultados de gran plasticidad, centrando su atención y cuidando de forma extrema
las texturas y la iluminación. Sin embargo, el aspecto más atractivo e interesante
de sus obras es la delicadeza y el impacto que golpean visualmente a quien se
detiene ante ellas, dejándoselas impresas en su retina como flashes que se suceden
uno tras otro para evocar en él una pluralidad de sensaciones, amalgamas entre
realidad e ilusión, que envueltas en una sobrecogedora y aparente simplicidad son
reflejo de su versátil e inagotable energía creadora.
En esta serie de fotografías, Lago, explora, entre otras cosas, la
descontextualización y abstracción del ser humano por medio de anónimos torsos,
ingenuas extremidades y sublimes retratos de gran carga psicológica que se
convierten en llamativos bodegones humanos congelados delante del objetivo; unas
conmovedoras instantáneas que reflejan un mundo frágil de grises texturados
ensordecidos en ocasiones por latidos de tonalidades cálidas, amarillo cadmio, rojo
pasión, pero también neutras, como sepia o siena tostada y que consiguen, a su vez,
enfatizar ciertos detalles, fusionándose con el blanco y negro en una pátina que
acaricia suavemente los sujetos fotografiados para destacar su vitalidad, a la vez
que realza los perfiles, provocando claroscuros, vibración, un dinamismo que
contrarresta con el convencional estatismo de las tomas fotográficas.
El espectador se enfrenta así al concepto estético de elementos envueltos en
atmósferas veladas, con una gran carga emocional fundamentada en una inexorable
armonía compositiva de la que Lago nos hace partícipes a la hora de elegir sus
encuadres, aislando los elementos y resaltando las formas de esos cuerpos
enigmáticos y sus pormenores con la peculiar posición de su objetivo, al que
convierte en un ente con la capacidad de sobrevolar las escenas.
Hablar de Diego Lago es hablar del arte de la fotografía, no hablar sin más de
fotografías, porque sus instantáneas están impregnadas del autor en su estado más
puro, presentando ante nosotros una experiencia directa, unas secuencias que dejan
patente un cuidado exquisito en su tratamiento, en definitiva, unas imágenes vivas
que reclaman a gritos ser observadas con una singular y silenciosa mirada, una
mirada personal y comprometida, con un enfoque propio, más allá de los tópicos.
Diego Lago, unas imágenes para el deleite de los sentidos…
Marta Méndez Rebolo
Crítica de la revista de arte “O Ollo Público”