“a
mi juicio, la belleza no está en ninguna parte. Esa noción de belleza
me parece completamente errónea. Los griegos fueron los inventores de
la idea de que unos objetos son más bellos que otros”
Jean Dubuffet
Mi trabajo
gira en torno a la relación entre el objeto artificial, su belleza y
la representación de este. Existe una relación particular entre nosotros
y ciertos objetos, artificiales o naturales, que nos llaman la atención.
Esta relación puede ser de integración, como una prolongación misma de
la persona, o en su lugar, de contraposición, situando al objeto como
cuerpo extraño, como elemento del que es necesario adueñarse o que hay
que descartar.
Esto me hace plantearme nuestra percepción de los objetos,
y más concretamente, nuestra percepción de los objetos encontrados. ¿Por
qué nos llaman la atención unos objetos más que otros, y por qué estamos
interesados en representarlos?
Creo que tiene algo que ver con nuestra
experiencia interior, y la relación de atracción que han tenido estos
objetos a lo largo de nuestra vida. Pintar estos objetos es una manera
de comunicar a los demás mi relación personal con ellos. Para observar
un objeto, más o menos pictórico, hay que olvidarse de su uso, y mirar
exclusivamente su forma y percibirlo como objeto artístico. En las atracciones
infantiles hay mucho del recuerdo de la infancia, las ganas de jugar,
o el deseo de montar en esos cacharros de feria, que nos prometían sensaciones,
antes desconocidas.
La idea de tener que buscar lo bonito y agradable
como excusa para producir arte hace tiempo que dejo de tener importancia.
Ese es un regalo que los artistas actuales han recibido como herencia
del pasado, y no suficientemente apreciado por muchos, bien por exceso
o por defecto. Cuando me dispongo a pintar un cuadro con tazas de wáter,
me pregunto qué impresión producirá esta visión en el espectador, y en
el fondo, no me importaría que surgiera un poco de rechazo o repulsa,
pero lo que si me gustaría sería que junto a esa sensación desagradable
surgiera también la empatía y el afecto hacia estos objetos.
Jesús Díaz Menárguez